Comparativa MINI John Cooper Works vs Toyota GR Yaris: Para gustos, colores

Comparativa MINI John Cooper Works vs Toyota GR Yaris: Para gustos, colores

Hay días en lo que la suerte te es esquiva y otros en los que viene impuesta como la declaración de la renta. Por ejemplo, el artículo que vais a leer a continuación surgió tras la imposibilidad de mis compañeros de 8000vueltas de probar la última iteración del MINI John Cooper Works, por lo que yo, como último recurso a lo X-Men, tuve que alistarme para la misión.

No solo eso, sino que se me puso a tiro un Toyota GR Yaris cedido por la marca para nuestra Presentación de Temporada 2023, y que no estaba previsto que entrara en la ecuación. Pero como le tenía más ganas al japonés que al germano, me las ingenié para incluirlo en esta prueba / comparativa.

Del MINI John Cooper Works no esperaba demasiado ya que su hermano mayor, el GP, no había calado demasiado hondo en nuestros corazones, tal como nos contaba mi compañero Fernando Lázaro en la prueba de aquel coche. El GP, tope de gama, se pavonea cual avestruz gracias a una estética llamativa y unos números que impresionan, pero el resultado final queda opacado por las particularidades de su conducción y su cambio de marchas. Comprendéis ahora mi escepticismo a la hora de probar el «mundano» JCW (John Cooper Works). Tampoco el JCW que probamos en 2016 (el modelo actual es un restyling de aquel) nos pareció la panacea. Era muy rápido, pero poco deportivo. ¡Aunque al menos aquella unidad era manual!

El Toyota GR Yaris en cambio sí que me apetecía, ya que aunque ha pasado en varias ocasiones por la redacción (puedes leer la última prueba aquí) aún no había caído en mis manos. Y no solo por eso, sino porque del japonés he oído opiniones de todos los gustos: desde que es la máquina definitiva con linaje directo del WRC, hasta la «sosez» (sí, me he inventado la palabra) cristalizada en forma de vehículo como una maldición griega. Yo quería aportar mi visión personal a todo esto.

Tras unos días desplazándome con el MINI, corroboré algunas de las impresiones que obtuve con el GP, destacando, por encima de todo, su falta de emotividad. Para mí, las siglas JCW significan si no radicalidad, por lo menos una deportividad bien entendida; no solo un coche pequeño, premium y, eso sí, muy rápido, que es en lo que se ha convertido.

Antes de entrar en el duelo con el GR Yaris, admito que el coche va muy bien en general, pero le falta ese “punch”, esa garra que espero arriba del tacómetro, un cambio afilado, que responda en momentos críticos, una dirección más precisa, que permita hincarte en el vértice de cada curva o un sonido audible y que emocione, aunque venga de los altavoces. Eso me da igual.

De hecho, recuerdo perfectamente el momento en el que me subí al GR Yaris por primera vez, con el tacto y el olor del MINI aún fresco en mis sentidos. No hube recorrido ni 200 metros cuando supe que el japonés encajaba cual pieza de puzzle de lo que yo andaba buscando. Un sonido más gutural -aunque puede que todavía menos audible, el gran fallo de este coche- que provenía de la admisión; una dirección más dura y precisa sin llegar a resultar incómoda, un vaivén de carrocería más controlado y, sobre todo, una caja manual. ¡Benditos tres pedales!

Y sí, esto en 200 metros. No soy Chris Harris ni Stoffel Vandoorne, pero lo sentí así. De hecho, os diré más: le doy más validez a mi opinión que a la de estos dos genios del volante por la sencilla razón de que yo soy como vosotros, un tipo de a pie que le gustan los coches, y que no está acostumbrado a circular a velocidades absurdas en coches estratosféricos.

Aquí podrías dejar de leer, el resumen está hecho: como deportivo, el GR Yaris es mejor que el MINI JCW. Sin embargo, los diálogos con mis compañeros de pruebas, los cuales se decantaban por el anglo germano, me hicieron empatizar algo más con éste y bajar el soufflé del japonés. Antes de entrar en disquisiciones, desarrollaré unos breves puntos comparativos entre ambos coches: mismo tamaño, mismo precio, prestaciones «similares» (lo bastante similares como para que en carretera abierta no haya diferencias), pero enfoques diametralmente opuestos.

Empezaré por el interior, aquí el MINI a todas luces es el claro ganador con unas calidades superiores, iluminación más acogedora, head up display y, en general, un equipamiento más completo. El GR Yaris se ve y se percibe básico. Ojo que a mí me gusta; ese aspecto espartano, de no necesitar nada más que un tramo revirado frente a tus ojos es algo que me seduce, pero como coche de diario, no hay color, y no debemos olvidar que hablamos de coches de 40.000 €.

Respecto a postura de conducción sucede exactamente lo mismo: más calidad alemana percibida y una posición con un centro de gravedad reducido frente a su rival japonés, que peca de «postura de furgoneta».

Por fuera sí que tengo mis dudas. El JCW me parece un conjunto mejor definido, un todo, que puede gustar o no, pero en el que se nota ese gasto en horas extra del departamento de diseño. El GR Yaris me lo imagino más como el menú de configuración del Need for Speed Underground: estos faldones por aquí, unas entradas de aire (falsas) por allá y unas llantas de 18 pulgadas en negro para ganar 100 puntos en estilo.

Desde Alemania nos traen 4 cilindros con 231 cv y 320 Nm de par frente a los ya famosos 3 cilindros japoneses de 261 cv y 360 Nm de par y, mientras que en el alemán la tracción es delantera con diferencial autoblocante electrónico (actúa solamente sobre los frenos), en su rival lo es total permanente a las 4 ruedas. Pero ojo, que nuestra unidad no equipaba el «Circuit Pack» así que carece de los diferenciales autoblocantes Torsen, algo que sobre el papel no debería jugar un papel decisivo dado la relación peso / potencia y el agarre disponible gracias a la tracción integral.

Ahora, nos queda meternos en faena.

Como empecé narrando al principio, lo primero que pasó por mis manos fue el MINI. A bordo de él me siento cómodo, tranquilo, sabiendo que manejo un producto de calidad, bien diseñado y llevado a cabo, pero que, sin embargo, no me incita, no me excita. Me falta algo que me recuerde que tengo que domar un potro salvaje.

Quizás un potro salvaje es una exageración, probablemente ese término nunca entró en el diccionario del MINI moderno, pero sí al menos un correcaminos vitaminado. En marcha, aún después de activar el modo Sport, percibir un inocuo cambio de colores en la pantalla y un sonido algo (tan solo algo) más elevado de escape, las sensaciones me siguen llegando demasiado filtradas.

Tras coger la primera curva larga, rápida y en bajada del tramo al que me enfrento, con el coche apoyando progresivamente desde el frontal hacia la trasera, responde éste con solvencia a pesar de la corta batalla de sólo 2,49 m (distancia entre ejes). Con ello por supuesto se consigue un coche juguetón, especialmente notable a la salida de las curvas, en donde la tracción delantera intenta, nunca mejor dicho, llevarle la delantera al resto del conjunto si abusamos del gas con mucho volante «metido».

Echo en falta una dirección más dura. No la pido ni siquiera mejor o más rápida (porque es buena), pero la quiero «más guerrera»; que haya que trabajar para meter el coche en vereda cuando la curva empieza a reducir su radio de giro. Demasiado fácil, demasiado insulso.

De la caja de cambios no me explayaré mucho, ya sabéis que tiene que ser MUY buena para que yo la tenga en cuenta, para que por momentos no eche de menos un tercer pedal. Obviamente para eso habría que irse a una caja de doble embrague. Este no va a ser el caso, con el trabajo delegado en un cambio de convertidor de par de 8 velocidades con ninguna pretensión deportiva más allá del término «correcto». Frenos por otro lado bastante buenos, sin fatiga (no fueron castigados en exceso), con un recorrido adecuado y una mordida como corresponde.

¿Y su rival de esta comparativa? Vamos a ello.

Opinion personal: el GR Yaris ni es tan bonito ni, estéticamente, notas que sea un coche especial; sólo un aficionado medio o superior es consciente de que bajo el pie derecho tenemos 260 cv. Ojo que el Mini no es un ejercicio de arte barroco tampoco, pero me resulta un punto más picante.

En el GR Yaris se nos hace imposible olvidar que estamos en un coche de casi 40.000 € y que, aunque sea un utilitario japonés, esperas que tenga algún tipo de lujo más allá de una plaquita que ponga WRC. Como comentaba antes, a mí sí me gusta ese aspecto analógico en vías de extinción; me seduce en cierta manera y me alegro de que se siga viendo cómo la aguja del tacómetro se dirige hacia las 8000 vueltas, aunque su disposición turbo nunca permita semejante cifra mágica en ninguno de los dos coches que hoy probamos.

En marcha, ya con un ruido superior al del MINI (más por el menor aislante acústico que por un deseo expreso de los diseñadores), empalmo marchas una tras otra llevando el coche hasta justo antes del corte. ¡Qué auténtica gozada!

Ni siquiera he descubierto el botón del punta-tacón automático, pero a mí me basta así para divertirme. Llevando a un amigo me comenta: “¡ojo cómo va el Toyota!”, dándome a entender que no puede ser que un utilitario japonés vaya así de rápido.

Por puertos de montaña lo noto un coche mucho más enfocado al disfrute que el MINI, con un paso por curva quizá superior (aquí influyen los neumáticos, poco deportivos en el MINI) y una salida de ella más rápido y preciso, por supuesto sin atisbo de pérdidas de tracción. El japonés no necesariamente es un coche más rápido en general y, de hecho, las cifras sobre el papel indican prestaciones bastante similares; sobre el terreno hemos constatado por activa y por pasiva que ambos van bastante parejos incluso en línea recta y hasta velocidades de pérdida de carnet. En la vida real lo que marca la diferencia entre ellos no es el crono sino el enfoque de cada uno.

Por supuesto, no hay color cuando hay que «meterse» 1000 km entre pecho y espalda, porque el MINI aquí pulveriza al japonés por los argumentos antes mencionados.

Para los que os hayáis quedado con ganas de una comparativa más exhaustiva a nivel números, dejamos este enlace de una de nuestras páginas de consulta (Zepfers), donde hemos enfrentado a ambos coches con un resultado de conclusiones claras: el japonés es algo más rápido en aceleraciones puras (dado su potencia extra y tracción integral) mientras que el MINI es más rápido en velocidad punta, corroborando que son coches con enfoques diferentes: el MINI disfruta más de curvones largos a alta velocidad, mientras que el Toyota brilla en tramos revirados donde la tracción es vital para seguir a coches más «rápidos» y potentes.

Aquí tan solo os he querido transmitir mis sensaciones, lo que he sentido en unos pocos días al volante de estos dos referentes automovilísticos actuales. En mi caso, soy potencial cliente del GR Yaris, pero como indica el título «Para gustos, los colores».

Marco, con quien me turné los coches para la prueba y sesión fotográfica, prefiere el MINI. Para más inri, nuestro fotógrafo Paco, que normalmente tiene la oportunidad de montar en todos los coches que probamos, y que por tanto su opinión tiene cierto peso específico, no conseguía decidirse por ninguno de los 2, confesando finalmente que su favorito dentro del segmento es el más barato y menos potente Hyundai i20 N.

Entre los argumentos, Marco prefería el sonido del MINI, más a soplido de turbo, que el casi inexistente sonido del escape del Yaris. Por otro lado, le había gustado más el fluir del alemán y su postura de conducción bajita en contraposición a la actitud “furgonetera” del oriental. Por supuesto, el hecho de que el alemán venga mucho mejor equipado y acabado refuerza su teoría de que el MINI es superior.

Mi impresión es que cuando Marco probó el GR Yaris por primera vez iba con unas expectativas elevadísimas, las cuales no fueron copadas al completo, pues efectivamente al Toyota, por ejemplo, pide a gritos un buen escape para redondear el conjunto. Por eso el MINI, del cual esperábamos menos, le sorprendió para bien.

Es curioso ver cómo ponemos las cosas en perspectiva siempre, por lo que hablar de objetividad en un medio de comunicación o incluso a título personal es, virtualmente, imposible.

En definitiva, para gustos, colores.

Fotografías realizadas por Francisco Carvajal, toda la galería disponible en nuestro Flickr.

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